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Bernardo Ossandón Álvarez y su importancia en la vida de Gabriela Mistral

“El señor Ossandón fue el principal punto de apoyo en los dos
aspectos más importantes de la vida de Lucila
cuando apenas comenzaba a “gatear”
entre las letras: económico y espiritual”.

(Efrain Szmulewicz)

Existen algunos comentarios relacionados con Gabriela Mistral que hacen referencia a la ciudad de La Serena como una ciudad que le cierra sus puertas, por dos hechos que marcan su vida: El despido por parte de la directora del que es hoy Liceo Gabriela Mistral donde se desempeñó como inspectora el año 1907 por la inscripción de niñas de escasos recursos en el establecimiento y porque se impide su ingreso a la Escuela Normal, año 1905, donde esperaba concretar su proyecto de ser maestra al igual que su padre y hermana siendo rechazada por sus ideas socialistas, ateas, revolucionarias por ende un tanto paganas, impropias de una maestra destinada a formar niños. Estas ideas hacen referencia a las vertidas en sus artículos periodísticos.

Pero, en este contexto adverso, se debe rescatar el hecho, que esta ciudad de provincia entrega a la niña, Lucila de María Godoy Alcayaga, las primeras herramientas en lo que será el camino de su trayectoria docente y literaria que culminará con la obtención del Premio Nobel de literatura y la obtención del Título de Maestra. En esta ruta encontramos a don Bernardo Ossandón quien fuera alumno y docente del Instituto Literario, hoy Liceo Gregorio Cordovez.

Don Bernardo Ossandón Álvarez nació en Vicuña en 1851 ingresa como alumno interno al Instituto Literario el año 1862 cuando tiene 11 años, al igual que muchos niños y adolescentes provenientes de sectores rurales. Continúa sus estudios en la Universidad de Chile obteniendo el bachillerato en Filosofía, Humanidades, Leyes y Ciencias Políticas. Vuelve al Liceo en 1870 cumpliendo funciones de Inspector y posteriormente como profesor de Gramática Castellana, Ciencias Naturales y Geografía.

Bernardo Ossandón detalla su paso por la institución: Liceo de La Serena Recuerdos de un ex alumno (Decenio 1862- 1872) señala: “Desde 1872 hasta 1896 formé parte del personal docente del liceo, encargado sucesivamente de las asignaturas de castellano y ciencias físicas y naturales, y en mi calidad de profesor me cupo una parte más o menos activa en el desarrollo de la instrucción que en él se daba y en la labor cultural correspondiente” …

Se desempeña también, como docente, en el Liceo de Niñas, Seminario, Colegio San Pablo y Santa Rosa. En su interés por ayudar a estudiantes de escasos recursos forma la Liga de los estudiantes. Publica algunos textos escolares como “Los verbos irregulares”, “Breves apuntes de Anatomía y Fisiología”, Significado de los tiempos y Manual de Cosmografía.

Bernardo Ossandón funda en 1905 el Instituto Comercial de Coquimbo siendo su primer director impartiendo las clases de Química y Ciencias Naturales, hasta 1917 año de su muerte.

Encuentro entre Gabriela Mistral y Bernardo Ossandón Álvarez

Bernardo Ossandón publica, en la ciudad de La Serena, desde el 5 de diciembre de 1879 el diario El Coquimbo, tiene 28 años, ese mismo año nace Lucila Godoy Alcayaga, este diario llega a publicar 13.007 ediciones. Herman Zepeda Flores en su investigación, “Recuerdos de Hombres El aporte del liceo de Hombres de La Serena a la Historia nacional” señala: El Coquimbo era un diario laico y era esta la línea editorial que le daba su propietario, quien se presentaba bajo las banderas del Partido Radical siendo elegido alcalde y elector para las elecciones presidenciales. En esta misma línea participó en la Logia Masónica Luz y Esperanza N°11 de La Serena de la cual fue Venerable Maestro por varios períodos. Cumplía, además, con la conocida trilogía, Masón, Radical y Bombero, pues fue fundador del Cuerpo de Bomberos de La Serena, ocupando por 14 años el cargo de Superintendente.

La adolescente de 15 años Lucila de María Godoy Alcayaga, al igual que Bernardo Ossandón nace en Vicuña, por entonces, vive en La Serena y se ve en la necesidad de trabajar, se desempeña como Ayudante de la escuela de La Compañía, transcurre el año 1904, cuando ya colabora en el periódico El Coquimbo, razón por la cual se señala en una de sus biografías que este nombramiento fue gracias a don Bernardo. Esta primera oportunidad de ser maestra rural culminaría 20 años después cuando asume como directora de un Liceo femenino y cuando colabora en la Reforma Educacional de México.

¿Cuándo escribió usted sus primeros versos? – Le preguntó un periodista para México. Ilustrado el 22 de junio de 1922:

-No se sabe cuándo se empieza a escribir. Mi padre era maestro, se fue cuando yo era pequeñita: tenía tres años. Revolviendo papeles, siguiendo huellas que me condujeran a este rincón misterioso de la vida, encontré unos versos suyos muy bonitos que me impresionaron de manera muy viva mi alma infantil. Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética. Los primeros míos aparecieron en El Coquimbo de La Serena.

Ya a los once años anotaba en los álbumes de sus amigas, pensamientos que ostentaban un claro talento poético, la timidez el temor a la burla de sus amigas, no le fueron extraños, confeccionaba sus versos, rompía y conservaba, a veces los mostraba, otras los ocultaba. Sin embargo, este tiempo de duda termina un día en el periódico El Coquimbo, a los quince años aparecen algunas prosas “extrañas” – según opinión de sus los lectores.

Es en este medio donde se encuentran sus primeras incursiones literarias. Su primera composición publicada es del 30 de agosto de 1904, cuando tenía 15 años se titula La muerte del poeta. Hace referencia a un poeta que se encuentra moribundo y que es encontrado por una joven que no logra salvarlo. El poeta expira en los brazos de la joven. Firma esta publicación con el nombre de Lucila Godoy A.

Sus publicaciones aparecen cada vez con más frecuencia y se asegura que incluso el puesto de ayudante de profesora, en la escuela de la Compañía, lo obtuvo gracias a los buenos oficios del director de El Coquimbo don Bernardo Ossandón. De este modo se puede afirmar, según Efrain Szmulewicz en Gabriela Mistral (Biografía emotiva) que “el señor Ossandón fue el principal punto de apoyo en los dos aspectos más importantes de la vida de Lucila cuando apenas comenzaba a “gatear” entre las letras: económico y espiritual”.

Durante todo el año 1905 escribe sus lucubraciones de carácter especulativo de protesta por las injusticias que ella cree haber descubierto por primera vez, como todo el que comienza a caminar por la ruta literaria.

El 24 de septiembre del mismo año escribió una necrología: In memoriam (En la tumba de quien fue señora María V.v. de Barraza) En La siesta de Graciela se titulan sus primeros versos, publicados el 25 de octubre. El 1° de noviembre de 1904 publicó En el campo Santo, en diciembre 17 Amor Imposible. Hasta entonces, fechaba sus composiciones en La Serena. Desde 1905 las fechó en Las Compañías, donde se desempeña como maestra de niños de cinco a diez años y en la noche enseña en una jornada nocturna a obreros quienes aprenden a leer y a escribir y algo de aritmética.

Así se refiere Lucila a este momento de su vida:

“Empecé a trabajar en una aldea de la escuela de la aldea llamada Compañía Baja a los 14 años, como hija de gente pobre y padre ausente y un poco desasido”

El 11 de febrero publica Carta íntima a su amiga Cristina Pinto H. expresa en el texto sentimientos íntimos:” Hay un algo en mi ser que engendra la amargura, hay una mano secreta que filtra hiel en mi corazón, aun cuando la alegría me rodee” En esta carta agregó su apellido materno: Lucila Godoy Alcayaga. Después unió los dos apellidos con la conjunción y.

En Espejo Roto, 18 de marzo de 1905 refiere episodios dolorosos de su vida, en Crepuscular, acentúa sus lamentos… En Gemidos, 24 de junio. Sonrisas del Alba, 18 de Julio, Crepúsculos pasados, 8 de agosto. Cierra el año 1905 el 1° de Noviembre. Sus publicaciones son principalmente ensayos todavía vacilantes y plagados de expresiones dolorosas. Sus primeras publicaciones líricas son Flores negras y La Aurora de un alma.

Bernardo Ossandón, desde su experiencia docente y visionaria, visualiza lo que en el espíritu e intelecto de Lucila se está forjando, contextualizando la época en que esta amistad se desarrolla, no hay nombres de mujeres que aparezcan en la escena literaria, Lucila no tiene estudios, pero él confía en ella de manera desprendida y protectora, le abre las puertas de su espacio íntimo: su biblioteca, Don Bernardo poseía una rica Biblioteca la que utilizaban muchos de sus amigos, facilitándole, además, libros a quienes consideraba jóvenes talentosos.

Bernardo Ossandón, hace una curiosa y poco conocida referencia a Gabriela Mistral en “Liceo de La Serena Recuerdos de un ex alumno” (Decenio 1862-1872) “En el movimiento literario del país han tenido no escasa participación algunos exalumnos del liceo… Manuel Antonio Guerra, Lucila Godoy (Gabriela Mistral) y Julio Vicuña Cifuentes… Entre una lista de unos 20 nombres.

En el texto: El oficio lateral Revista Pro Arte, abril de 1949 se leen estas palabras de Gabriela Mistral:

“Un viejo periodista dio un día conmigo y yo di con él. Se llamaba don Bernardo Ossandón y poseía el fenómeno provincial de una biblioteca, grande y óptima. No entiendo hasta hoy cómo el buen señor me abrió su tesoro, fiándome libros de buenas pastas y de papel fino.

Con esto comienza para miel deslizamiento hacia la fiesta pequeña y clandestina que sería mi lectura vesperal y nocturna, refugio que se me abriría para no cerrarse más.

Leía yo en mi aldea de la Compañía como todos los de mi generación leyeron «a troche y moche», a tontas y a locas, sin idea alguna de jerarquía. El bondadoso hombre Ossandón me prestaba a manos llenas libros que me sobrepasaban: casi todo su Flammarion, que yo entendería a tercias o a cuartas, y varias biografías formativas y encendedoras. Parece que mi libro mayor de entonces haya sido un Montaigne, donde me hallé por primera vez delante de Roma y de Francia. Me fascinó para siempre el hombre de la escritura coloquial, porque realmente lo suyo era la lengua que los españoles llaman «conversacional». ¡Qué lujo, fue, en medio de tanta pacotilla de novelas y novelones, tener a mi gran señor bordelés habiéndome la tarde y la noche y dándome los sucedidos ajenos y propios sin pesadez alguna, lo mismo que se deslizaba la lana de tejer de mi madre! (Veinte años más tarde ya llegaría a Bordeaux y me había de detener en su sepultura a mascullarle más o menos esta acción de gracias: «Gracias, maestro y compañero, galán y abuelo, padrino y padre»)”

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En su biblioteca se abren las puertas para su formación literaria quienes serán un referente de por vida, conoce la poesía de Federico Mistral, los novelistas rusos y la prosa del pensador francés Michel de Montaigne, Gabriela Mistral en sus cuadernos recuerda: “ Mis estudios en la Normal de La Serena me los desbarató una intriga silenciosa- con la que se buscó eliminarme – por habérseme visto leyendo, y haciendo leer algunas obras científicas que me facilitaba un estudioso de mi pueblo: Don Bernardo Ossandón.”

Quienes leemos y disfrutamos hoy de la lectura de Gabriela Mistral tenemos mucho que agradecer a don Bernardo Ossandón, reitero las razones: le publica sus primeras creaciones; la apoya en su ingreso a la docencia; le abre las puertas de su biblioteca personal; será, en definitiva, un faro que iluminará sus primeros pasos en la construcción de su trayectoria docente y literaria.

Pero es justo también rescatar de su paso por la ciudad de La Serena que, en 1908, cuando tiene 19 años, figura en la antología Literatura Coquimbana de L. Carlos Soto Ayala, en la que éste le dedica un breve estudio y selecciona tres prosas poéticas de la autora: Ensoñaciones, Junto al mar y Carta íntima. Comienza a utilizar el seudónimo de Gabriela Mistral.

Por Oriana Mondaca Rivera

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