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La emotiva historia de adultos mayores de Monte Patria que se vacunaron con la esperanza de continuar viviendo

Manos temblorosas y gastadas por el paso de los años se entrelazaban para avanzar unidos en busca de la primera dosis de la vacuna que les diera la esperanza de inmunizarse contra el Covid-19, pandemia que hoy tiene en vilo al mundo.

Fue a eso de las 10 de la mañana de este lunes y bajo un intenso sol que aquellas manos unidas ingresaban a la posta de la localidad de Mialqui en Monte Patria. La señora Berta Cortés Godoy y su esposo Héctor Rojas Martínez de 85 y 77 años respectivamente, llamaron la atención porque su cariño, respeto y amor ente ambos se transmitía sólo con verlos, tal cual lo hicieron el 28 de enero 1977 cuando se casaron por el Civil y por la Iglesia.

Es que el amor de esta pareja de adultos mayores ha sido el hilo conductor de sus vidas. Y hoy durante esta pandemia no es la excepción.

Don Héctor Rojas, en cada segundo, estuvo pendiente de su señora, mientras esperaban ansiosos que la enfermera los llamara para ingresar a vacunarse. Una vez adentro, la inoculación fue breve y sin mayores inconvenientes. Ya afuera en la sala de espera, pudieron relajarse y conversar con la seremi de la Mujer y la Equidad de Género, Ivón Guerra, que llegó hasta la posta de Mialqui para colaborar en este proceso de vacunación masiva que se está ejecutando en distintos sectores de Monte Patria.

Don Héctor comentó su tranquilidad porque él y su esposa pudieron vacunarse, cree que está dosis les ayudará a protegerse de la pandemia para vivir muchos años junto a su amor de toda la vida, “esta vacuna es muy buena porque nos ayudará a tener menos contagios. Uno se cuida pero nunca se sabe quién puede estar contagiado. Esto nos da esperanza para pasar mucho más tiempo junto a mi señora. Todos deberían vacunarse”.

Héctor y Berta no tienen hijos. Siempre han vivido juntos en el Mialqui. Él fue agricultor y luego hasta sus 67 años administro fundos en Monte Patria. Ella dueña de casa y mujer trabajadora.

Respecto a cómo han vivido este proceso de pandemia, don Héctor comenta que ha sido difícil pero que se han cuidado permanentemente, “en la pandemia estuvimos cuidándonos mucho, con las precauciones necesarias para no contagiarlos. Obviamente a veces salimos para comprar nuestras medicinas y alimentos de primera necesidad, pero siempre precavidos”

Pero este hombre que nació en Chuquicamata y que llegó cuando era un niño a Mialqui, reconoce que han sentido temor de contagiarse, “Si tuve temor por mí y por mi señora porque nos podíamos contagiar, uno se preocupa de las medidas pero no sabemos el resto, en la ciudad o locomoción colectiva puede pasar cualquier cosa”, comenta don Héctor

La señora Berta señaló que su objetivo es seguir cuidándose para estar bien y poder cuidar a don Héctor, “estamos viejitos ya. Ahora estoy contenta y esperanzada con esta vacuna. Queremos quedarnos juntos por mucho tiempo y esta vacuna nos ayuda para eso”.

En tanto el esposo de la señora Berta, agrega, “vamos a seguir juntos hasta que Dios lo diga porque yo todavía estoy enamorado, aún queda algo (ríe y se emociona)”, manifestó Héctor.

Por su parte, la seremi de la Mujer, Ivón Guerra, destacó esta historia y el aporte de llegar a los distintos rincones de Monte Patria con las vacunas, “ellos se vacunaron la primera dosis de esperanza. Su amor y respeto nos emociona a todos y todas. Son adultos mayores que han estado toda la vida juntos y quieren que esta vacuna los ayude a seguir caminando unidos por la vida. Como Gobierno queremos esto precisamente, que es entregar ilusión de que vamos a vencer este pandemia y eso lo hacemos con responsabilidad y sin discriminación. Todos nuestros adultos mayores, sin importar su condición de seguro médico, ni de ingreso, tienen la misma urgencia para inocularse“ .

Don Héctor toma de la mano nuevamente a su mujer, salen de la sala de espera caminando a paso lento. Llegan a las fueras de la posta, ahí tienen estacionada su camioneta. Don Héctor abre la puerta del copiloto para que ingrese su señora, ella se sienta y él la besa en la frente. Luego su vehículo parte y se dirigen a su hogar en Mialqui que los ha cobijado gran parte de sus vidas.

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