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La dura batalla de la señora Patricia por dejar atrás la secuelas de la violencia

Quien ha enfrentado dos separaciones destaca la acogida que ha encontrado en la Oficina de la Mujer y Equidad de Género que funciona en la Delegación Municipal de Las Compañías y como se ha transformado en una terapia sanadora.

El mensaje de la señora Patricia Riveros en el acto simbólico sobre el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer efectuado en las afueras de la Delegación de Las Compañías el 25 de noviembre fue desgarrador. Caló fuerte. “Fui violentada”, confesó abiertamente.

Se transformaba en un claro mensaje para las mujeres que pasan por algo similar a no quedarse calladas y tengan la fuerza para denunciar. Actualmente continúa participando, aunque vía WhatsApp, en las actividades de la Oficina para la Mujer y Equidad de Género que funciona en Las Compañías y que dirige, Rosa Carvajal. Admite que esta ayuda municipal ha sido clave.

La señora Patricia vive desde el 2005 cerca del parque  Espejo del Sol en Las Compañías, luego de llegar desde Santiago. Quisimos ubicarla para conocer su historia y, sobre todo, saber qué la motiva a enfrentar el tema de la violencia en forma frontal. Sin tapujos.

Confiesa que no tiene problemas en profundizar en su caso y en su constante lucha por salir adelante.

Su relato sobrecoge. Estuvo casada más de 35 años hasta que no aguantó  más. Admite que soportó solo por sus hijos. “Mi madre me decía que era muy mal mirado cuando una mujer se separaba. Incluso, mi marido me decía que si me separaba me transformaría en una mujer pública”, expone.

FUTURO POR DELANTE

Estudió para jefa de obras en construcción, pero nunca pudo desarrollarse en su profesión. “No lo ejercí por miedo, por la estupidez de no tener las riendas de mi vida y enfrentarme de igual a igual al trabajo laboral del varón. Podría haber tenido muchas cosas, pero tampoco me arrepiento o estoy llorando. Por eso a las chiquillas les digo, empodérense y luchen por ustedes, no dependan de un varón y de nadie. Uno tiene que aprender a sostenerse por uno misma”, remarca.

Cuando pudo liberarse de su primer matrimonio optó por la separación y comenzar una nueva vida.

Las Compañías aparecía como el lugar ideal y no lo pensó dos veces. Incluso, volvió a vivir en familia. Sin embargo, esta segunda experiencia resultó peor que la primera. De ese episodio aún no se repone, a pesar que han pasado más de dos años de la separación. “Fue impactante para mí, porque volví a meterme en el mismo patrón de vida anterior con el maltrato sicológico que es lo peor porque son heridas internas”.

Aunque advierte que la violencia no llegó al extremo de los golpes, sí reconoce que en el caso de su segunda relación estuvo a punto. “En las noches parecía que estaba viviendo con el enemigo y pensé que esto, en cualquier momento, podría ocurrir (agresión física)”, relata con entereza.

En algunos casos sobrellevó una depresión extrema, “me quería borrar y dejar de existir. Fui alcohólica, así que imagine todo lo que he pasado, pero ya estoy recuperada y me sobrepuse. En mi vida he dado grandes luchas y tengo una experiencia propia… Estoy sacando esa voz luego de caer en tantas cosas. En el alcoholismo toqué fondo, pero fue suave para otras experiencias de vida, por eso soy empática con la mujer cuando sufre, porque entiendo”, profundiza.

TERAPIA DE RECUPERACIÓN

Pese al drama, logró acceder a una vivienda donde intenta sanarse sicológicamente. “En esta casa adquirí mi libertad de acción porque tenía un techo donde refugiarme. No quería que mis hijas me volvieran a ver derrotada nuevamente, aunque algunas veces me atacan los fantasmas, pero ahí tengo ese grupo de apoyo que es lo que me está fortaleciendo día a día”.

Resalta que el haber accedido al respaldo de la Oficina de la Mujer y Equidad de Género ha resultado fundamental en el avance experimentado. “Encuentro el apoyo moral, físico. Me han orientado a dar los pasos con seguridad, sobre todo en esta pandemia me han acogido mucho”, enfatiza.

Es por ello que desde su recuperación insta a las mujeres y, sobre todo, a las nuevas generaciones, a que se empoderen, “tomen las riendas de su vida, porque esa madurez me faltó a mí, porque si hubiese tenido la sabiduría de ahora, aplicaría otras técnicas”, subraya.

En las terapias ha logrado potenciar su autoestima. “Ahora me gusta dialogar, antes no lo hacía. Era muy retraída, en cambio ahora estoy dispuesta a conversar y a aconsejar desde mi propia experiencia de vida que la mujer tenemos que sacar la voz, no ocultar las cosas como nos enseñaron nuestros padres a que eso era un secreto a voces”.

No descarta en el futuro volver a rehacer su vida en lo sentimental, pero no esconde que es una situación sensible. “Tengo mucho temor de volver a sentir las campanitas cuando uno piensa que está enamorada, pero después ve la realidad. No me cierro, pero creo que es muy pronto para pensar en eso… Estoy aprendiendo a vivir en soledad”, subraya.

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