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Violencia de género, abordaje desde los espacios educativos

Al hablar de género, muchas banderas se levantan a la vez; banderas de diversidad sexual, banderas de feminismo, banderas de la lucha contra la violencia sexual, o la violencia intrafamiliar, voces contra el femicidio, contra el machismo y un largo etcétera. Pero todas comparten una raíz común: la búsqueda del derecho a ser tratados con dignidad, respeto e igualdad de oportunidades.

Chile se ubica en el puesto número 131 de un total de 134 países analizados con mayores brechas de género. Estas desigualdades se evidencian fuertemente en el contexto universitario, en el que cohabitan contenidos explícitos en programas y contenidos ocultos evidenciados en las actitudes sexistas o discriminatorias de género que ocurren en las interacciones, discursos, clases, lenguaje utilizado, entre otras. Debido a que está naturalizado y es parte de la cotidianeidad, el fenómeno se invisibiliza socialmente, transmitiéndose de generación en generación.

Las universidades tienen como desafío ser agente de cambio, propiciando espacios de discusión, reflexión de concepciones y generando nuevo conocimiento. Tiene la responsabilidad de ser parte de estas discusiones, estar a la vanguardia de los cambios y ser agentes de transformación social.

La Unidad de Género del Ministerio de Educación, la Comisión para la igualdad de género del CRUCH, la comisión de género de la Red G9, son instancias que, sin duda aportan desde sus diferentes ámbitos de acción a visibilizar el problema y modificar la cultura. Pero es insuficiente si no se trabaja con cada persona, unidad por unidad.

La erradicación de la violencia de género se puede propiciar al interior de las comunidades educativas, a través de las prácticas cotidianas de docentes, las interacciones espontáneas de sus integrantes, las actividades de promoción de la equidad de género, la autoformación, las actividades reflexivas, porque es precisamente ahí donde se tiene la oportunidad única de transformar la sociedad de manera significativa y permanente. El rol de cada persona que forma parte de la comunidad, es protagónico en este proceso y su compromiso con la autoformación, y proceso de reeducación en estos ámbitos, fundamental para el logro de la sociedad más justa y equitativa.

Transformar desde dentro, desde lo cotidiano, apuntando a las acciones que promueven la equidad de género y la erradicación de la violencia es nuestro desafío y meta, por nosotros, por nosotras y por las nuevas generaciones.

Por Carolina Salinas Alarcón, Secretaria de Género UCN.

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