Hay un gran malestar en Chile, eso se puede oler, sentir y ver en todos lados. Somos malos para reconocer nuestras frustraciones. En las encuestas decimos que vivimos felices y conformes, pero en el fondo, varios metros bajo nosotros, sentimos una pérdida enorme, que nos carcome, que nos lleva a preguntarnos por qué.

Ayer un tipo insultó a Beatriz Sánchez por Instagram, la trató como el diablo porque decía que ella “promovía la falta de éxito individual y que el sistema social en la economía solamente había destruido a los países”. Dentro de todo ese discurso, que no comparto para nada, explicaba que sí el trabajaba por un determinado monto de dinero, no le daba la gana de compartirlo con nadie y, etcétera (se podrán imaginar).

Juicio Equivocado

El hombre es un “animal” eminentemente social, que desde que comenzó a vivir en comunidad, compartiendo conocimiento, talento y bienestar fue construyendo cultura. De esta manera nacieron las grandes civilizaciones que formaron la humanidad. Unas fueron mejor que otras en varios aspectos, pero al fin y al cabo nos hizo llegar hasta acá y gozar del supuesto “bienestar” y “ventajas” que nos entrega la tecnología y el capitalismo.

Ahora bien, los promotores del capitalismo y la economía perfecta, te enseñan una serie de factores para que el sistema sea perfecto y funcione, pero en Chile, y en ningún país se cumplen estas condiciones. En primer lugar, no existe igualdad de oportunidades, deberíamos comenzar todos de cero, y el Estado les da ventajas a algunos grupos económicos con la extremada concentración (no debería existir los grandes retail, por ejemplo).

La dictadura hizo su trabajo perfecto, porque a parte de matar y desaparecer a miles de compatriotas, nos lavó el cerebro. A través de millares de horas de contenido de TV ampliamente estudiado por expertos, nos convencieron que lo colectivo era malo, compartir era repudiable, y que entregar lo que te habías ganado no era buena idea, ya que el otro no había trabajado para tener ese bien.

Es así como fuimos perdiendo el sentido del compañerismo, la amistad, y el hacer colectivo. Estamos llenos de proyectos individuales, de egos, en donde el reconocimiento por los bienes, la belleza, el estatus es más importante que el abrazo sincero de un amigo de la infancia.

Hemos perdido el norte, hemos perdido el sentido que nos hizo humanidad, el sentido de construir en conjunto, de ayudar al otro, de decirnos las cosas a la cara.

Sé que existe un montón de cosas que están mal, todos le tiran maldiciones a Piñera y a sus ministros, a los partidos políticos, al cura, al juez, al empresario y hasta el vecino de la esquina, pero nosotros, hacemos algo por cambiar.

Nos quejamos todos los días por redes sociales, insultamos al que no está de acuerdo con nosotros, y, hacemos algo por mejorar el status quo.

Párate de tú asiento, asiste a la junta de vecinos, asiste a la reunión de tú hijo, construye una plaza para tú población. Ten sentido de pertenencia, construye con los otros. No hagas caso de que lo material y el poder es lo único que importa, porque al final a la tumba nadie lleva nada.

La pena y la frustración, de la que te hablé en un principio, se irá pasando cuando entiendas que este mundo, y la humanidad, la hacemos todos. Compartir, hablar, y ser generoso es lo único que nos llevará lejos.. Hay que dar para recibir, dice un dicho por ahí.

La autora es Periodista.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí